“No busco penitencia por lo que hice, pido perdón, por lo que voy hacer”.
Como tiene que comenzar una serie; con mucha acción, intrigas y caminos que de seguro nos llevarán a destinos de lo más atractivos. Así comienza Daredevil, lo nuevo de Netflix.
Basado en el popular cómic de Marvel, esta serie nos cuenta la historia de Matt Murdock un abogado que en su infancia, producto de un accidente, quedó ciego, y que ahora lucha por la justicia, de día de forma ética y moralmente aceptable, pero que de noche se convierte en ese demonio que todos quisiéramos sacar al testigos de las injusticias que nos rodean.
Sin contar nada de la trama, puedo decir que estos primeros tres capítulos que vi de esta recién estrenada serie, tiene de todo para enganchar a la audiencia.
Lo bueno.
Son muchos los puntos a favor que le encontré a Daredevil, y ponerlos en orden de importancia es imposible.
Las escenas de lucha, son realmente muy bien logradas, muy superior a la media de las series que comúnmente vemos, incluso, me atrevería a decir, a muchas películas que he visto. Es típico que al ver una lucha en alguna serie, la cámara se corta y gira y vuelve a cambiar, sólo para confundirnos y no captar lo falso de la pelea. En esta serie las cámaras se mantienen como un espectador más y la acción fluye hasta decaer por el cansancio de los protagonistas.
Otro punto a favor, es la ambientación, imposible no recordar a la saga de The Dark Knight, y lo realista que se ve todo lo que nos están contando, los escenarios oscuros, el traje de Daredevil, y lo corrupto que está Hell’s Kitchen.
Lo malo.
Lo único malo que podría decir de estos tres episodios, y que tiene que ver con la serie en sí, o más bien con Netflix, es su política de lanzar todos los capítulos de una vez, lo que hará a más de alguno consumir la temporada completa durante un fin de semana y que posteriormente no habrá nada más que ver, sólo ese vacío que nos deja haber terminado un buen libro o una buena película.
Altamente recomendable.


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